Secretos de la belleza natural

El lenguaje de los aromas

Amelia Pérez Moreno
Frascos de esencias aromáticas numerados y tiras olfativas dispuestas sobre soportes de madera durante el taller El lenguaje de los aromas en Pedraza, Segovia.

El lenguaje de los aromas

Hay aromas que reconocemos al instante y otros que nos llevan a lugares que creíamos olvidados.

El olor de la madera recién cortada, la lavanda de un jardín, la piel de una naranja o la leña encendida. A veces basta una fragancia para despertar un recuerdo, una emoción o una sensación difícil de explicar.

Los aromas forman parte de nuestra memoria. Nos acompañan a lo largo de la vida y, en ocasiones, tienen la capacidad de devolvernos a momentos que parecían perdidos.

En Los Jabones de Mi Mujer trabajamos cada día con materias primas, aceites esenciales y fragancias naturales. Con el tiempo hemos aprendido que un mismo aroma puede despertar sensaciones muy diferentes en cada persona.

De esa curiosidad nació El lenguaje de los aromas, una experiencia olfativa que compartimos recientemente en Casa Taberna, en Pedraza.

Dos personas preparando y presentando el taller El lenguaje de los aromas en Casa Taberna, con frascos de esencias y materiales aromáticos sobre una mesa de madera.

Una experiencia para los sentidos

La propuesta era sencilla: detenerse, oler y dejarse llevar por las propias percepciones.

Durante el encuentro invitamos a los participantes a descubrir diferentes aromas sin conocer previamente su identidad. No se trataba de adivinar ingredientes ni de encontrar respuestas correctas, sino de prestar atención a las sensaciones, las imágenes y las palabras que surgían espontáneamente.

Algunos aromas evocaban frescura, otros calidez, naturaleza o recuerdos de lugares conocidos.

Y, poco a poco, las fragancias fueron dando paso a las conversaciones.

Cuenco de madera con plantas aromáticas y rodajas de cítricos secos, junto a lápices y hojas de papel sobre una mesa rústica iluminada por luz natural.

El olor de las manos de su abuelo

Uno de los momentos más especiales llegó cuando una participante nos contó que uno de los aromas le recordaba al olor de las manos de su abuelo.

Una asociación inesperada, profundamente personal, que nos hizo detenernos.

No era necesario saber qué esencia había provocado aquel recuerdo. Lo verdaderamente interesante era descubrir cómo algo tan sencillo como un olor podía recuperar una sensación tan íntima y concreta.

Aquella observación resumía, de alguna manera, el sentido de toda la experiencia.

Los aromas no significan lo mismo para todos. Cada persona los interpreta a través de su propia memoria.

Lo que para alguien recuerda a un jardín puede evocar para otra persona una casa, una estación del año o las manos de alguien querido.

Vista cenital de una mesa de madera con frascos de esencias, tiras olfativas, cuencos de madera, lápices y plantas aromáticas preparados para un taller olfativo.

De las sensaciones a las palabras

A lo largo del taller fuimos explorando esa relación entre los aromas y el lenguaje.

¿Cómo describimos algo que no podemos ver ni tocar? ¿Por qué recurrimos a palabras como luminoso, cálido, limpio o envolvente para hablar de una fragancia?

Los participantes compartieron impresiones, buscaron palabras y descubrieron que las diferencias entre sus percepciones eran tan interesantes como las coincidencias.

La experiencia nos recordó que oler también puede ser una forma de observar, de escuchar y de compartir.

Sala de Casa Taberna en Pedraza, Segovia, con frascos de esencias aromáticas y tiras olfativas preparados sobre mesas de madera para el taller El lenguaje de los aromas.

Un recuerdo para llevar a casa

Como recuerdo del encuentro, preparamos en nuestro taller unas velas especialmente concebidas para la ocasión.

Un pequeño objeto capaz de prolongar la experiencia y acompañar otros momentos cotidianos.

Para nosotros, El lenguaje de los aromas fue también una oportunidad de compartir una parte de nuestro trabajo que habitualmente permanece en el taller: la elección de las materias primas, la exploración de las fragancias y la búsqueda de combinaciones que transmitan determinadas sensaciones.

Porque detrás de cada aroma hay mucho más que una composición de ingredientes.

A veces hay un lugar, una emoción o, como descubrimos aquella tarde, el recuerdo de las manos de un abuelo.

Gracias a Casa Taberna y a todas las personas que compartieron con nosotros esta experiencia.

Fachada de piedra de Casa Taberna en Pedraza, Segovia, con balcón de madera, macetas de barro y vegetación alrededor de la entrada.

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