Mujer Hoy, 8 Feb 2014

08 feb 2014
Mujer hoy - Silvia López / Fotografía: Valentín Vegara y Vicens Giménez

El amor, un sentimiento sin fecha de caducidad

Las estadísticas más pesimistas dicen que el amor dura entre tres y siete años. Cuatro parejas que sobreviven a estas teorías nos revelan su fórmula de la felicidad.

¿Tiene el amor fecha de caducidad? Fédéric Beigdeber, autor del “best-seller” “El amor dura tres años” (Anagrama), es rotundo en su postura. Otros, como Eduardo Punset, alargan el plazo. Para este divulgador científico el enamoramiento pervive siete años por fines evolutivos, porque es lo mínimo para engendrar y criar un hijo. Sin embargo, los protagonistas de este reportaje demuestran que es posible desafiar la muerte anunciada del romance. Coincide con ellos el psicólogo y sexólogo Esteban Cañamares al asegurar que “tres años puede ser el plazo para que los inconvenientes se pongan en evidencia, pero no para que se pierda el amor”. La psicóloga y “coach” en relaciones Helena Calvo destaca que “resultaría insostenible para nuestro equilibrio emocional y mental que se prolongara ese enamoramiento inicial, marcado por la euforia, la fogosidad y la idealización”.
Cuando se atenúa la pasión, conviene echar mano de la razón, añade: “Hay que aceptar la evolución natural hacia el cariño y la complicidad: reír juntos, sorprender al otro con detalles y caricias, y, lo más importante, no irse a dormir nunca sin valorar algo de la pareja”. El respeto activo sería la clave. Punset cita una investigación realizada con parejas en crisis que descubrió que lo que tenían en común las que sucumbían era el desprecio. En cuanto esta emoción se cuela en una relación, esta queda herida de muerte. ¿Cómo evitarlo? Cañamares disecciona los siete rasgos de las relaciones que sobreviven: “Una buena elección de la pareja; respeto; una psicología estable; que no haya intromisiones de las familias; una vida sexual gratificante; proyectos en común; y reparto de tareas”.

Pablo Olmos y Amelia Pérez  
16 años juntos, 14 casados
'El secreto está en mantener la alegría, el respeto y la atención al detalle' “Una tarde hace ya 16 años, el día después de que nos presentaran unos amigos, Pablo vino a mi lugar de trabajo y me invitó a un café. Desde entonces, estamos juntos”, confi esa Amelia desde la idílica casa-tienda-taller artesano donde viven y elaboran productos cosméticos naturales y únicos, bautizados Los jabones de mi mujer (losjabonesdemimujer. com). “Tenemos claro que “Los jabones de mi exmujer” no suena tan bonito”, bromea ella, que dejó su puesto en una empresa de alta perfumería para dedicarse a este proyecto. Ambos abandonaron la capital y se mudaron a un pueblo de Segovia en plena sierra de Guadarrama.
“Nos encanta el campo y sentíamos que nuestro hogar estaba aquí. Si nos hubiésemos quedado en la ciudad, hubiésemos renunciado a la vida que nos gusta de verdad”. Para Pablo, que mantiene su trabajo en un estudio de diseño gráfi co, mudarse por amor no supuso un problema: “Cuando la vida en pareja te aporta plenitud, complacer al otro no es sacrifi cio. Jugamos para el mismo equipo”, responde. Ambos coinciden en que las claves de la longevidad sentimental son “la alegría, el respeto y la atención al detalle”.

 

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